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El arte de la transformación consciente en el liderazgo
Por Vanessa Gil
24 de septiembre 2026

No sé si seré yo, pero se acumulan varios añitos algo controvertidos y los mensajes de ascensor han pasado de ser del tipo “hoy parece que va a llover” a “estamos peor que nunca, la cesta de la compra es cada vez más cara… lo que antes comprabas con mil pesetas hoy con 50 euros no haces nada… la seguridad física y emocional parecen pender de un hilo, las relaciones ya no son para siempre porque “el siempre” es demasiado tiempo, y si me apuras dentro de apenas 10 años según los expertos con grandes dotes de inteligencia, exponen que otras versiones de la Chati (Chat GPT) pondrán fin al último latido de la humanidad.
Y con todo esto ¿Qué hacemos?
Seguramente te hayas deprimido leyendo las primeras nueve líneas de este artículo, tal y como te deprimes poniendo la televisión o las redes a las 7 de la mañana para ver qué de “bueno” ha pasado por el mundo.
Pero vamos a intentar remontar la emoción y para ello confieso que al trabajar con ingenieras me he dado cuenta de la maravillosa capacidad que tienen ellas de gestionar problemas complejos.
Y no quiero decir con esto, que, por el mero hecho de ser ingeniera, no sufres, no te estresas, no te rompen el corazón, no te engañan y no te sientes más de una vez perdida por no saber qué hacer con tu vida. Pero… y esto es un gran, PERO, la mayoría de las ingenieras que conozco te miran a los ojos y te dicen; “La buena gestión de problemas complejos pasa por diseccionarlos en problemas más sencillos”. Y dicho esto, se quedan tan anchas, como si hacer fácil lo difícil fuera cuestión de disección.
Profundicemos un poco más en esta competencia y para ello, pongamos como ejemplo la situación de un equipo que por una mala gestión de la comunicación de “pasillo” ha llegado a la conclusión de que se van a producir despidos próximamente.
¿Cuál es el GRAN problema? A día de hoy tengo a un equipo de 80 personas cuya productividad ha descendido un 10% por lo que la organización está en pérdidas.
Y lo que nos ocurre a los seres humanos es que, a los problemas, les añadimos nuevos problemas en forma de dos elementos, emociones y pensamientos. Por ello, ese martes cruel, donde el jefe de fabricación le dijo por lo bajinis a la de calidad que “esto pinta mal y se van a cargar a más de uno”. En muy poco tiempo, como una fea expansión de chapapote, aparecieron a relucir emociones, de enfado, ira, miedo, tristeza de personas que sin saber muy bien el contexto, pero imaginando los peores escenarios, comenzaron a verbalizar sus más áridos presagios: “¿Qué voy a hacer si me despiden cuando me quedan 5 años para la jubilación?” “¡Después de toda mi vida entregada a esta empresa, ahora nos tiran como colillas!” “Seguramente en breve dejemos de tener dinero para pagar a los proveedores, y esto supondrá que no habrá dinero para entregar los últimos pedidos y sin éstos, dejaremos de cobrar…” Y claro estas premoniciones, basadas en un porcentaje de realidad mucho más cercano a la fantasía, empiezan a ser un caldo de cultivo para que aparezcan como los caracoles al sol nuevas formas de trabajar. Empieza a disminuir el interés, la concentración, la alineación de los equipos, la comunicación, la conexión, la creatividad, las ganas de progresar y lo más importante, disminuye la confianza.
Y cuando este elemento, vital para cualquier tipo de relación sana se despedaza, las personas actúan desde la reactividad, es decir, traducido en un idioma común; “Yo vengo, me pagan y a las 5 se me cae el boli, no pienso regalar ni un minuto de mi tiempo”.
Con esta coyuntura imaginando que somos ingenieras con el super poder de diseccionar el GRAN problema en pedacitos más sencillos, nos preguntaremos:
¿Es el gran problema que haya descendido la productividad en un 10%? Puede que ahora respondas que no, esto es solo la consecuencia de una mala gestión de la comunicación.
Ergo ¿Qué acciones vamos a tomar para mejorar la comunicación interna? ¿Cuáles pueden ser nuestros aliados dentro de la plantilla? ¿Cómo podemos trabajar desde la transparencia? ¿Qué tiene que pasar para que nuestros colaboradores recuperen la confianza?
Cada acción y/o comportamiento que responda a cada una de estas cuestiones, es un problema sencillo resuelto, es una pieza del puzle que otorgará algo de luz al contexto, es ese sonido que reverbera con nuevas emociones, nuevos procesos, nuevas mejoras.
Porque si determinamos que la COMUNICACIÓN es la causa, la CONFIANZA o en este caso la pérdida de confianza es el GRAN PROBLEMA y las consecuencias son una bajada en la productividad y un clima laboral con los sinsabores del averno, podemos ponernos manos a la obra. Porque ahora sí tenemos tres hitos, tres retos que resolver, y teniendo claridad sobre lo que quiero trabajar, puedo priorizar, puedo analizar, puedo indagar, puedo ponerme creativa y diseñar soluciones en base a metas tangibles.
Y esto último en KAT COACHING nos encanta.
¿Te apetece diseccionar problemas complejos?